sábado, abril 29, 2006

Distancias inquebrantables


Ha pasado mucho tiempo, y el pegamento Uhu en cuadraditos (no estoy haciendo –definitivamente- propaganda) ya ha perdido su razón de ser.
Las fotos (recuerdos. Momentos inmaculados) han comenzado a caer como las hojas suicidas de Otoño. Tal vez, como estamos en esa época del año, intentan ser la falsa imitación de los árboles. Pero yo me encargare de volver cada una a su sitio oficial, no resultando su malicioso cometido.
Entre mi ropa extremadamente desordenada y el suelo, encontré una foto oscura/clara bajo mi chaleco de líneas blancas. Era mi curso. Ese mismo.
Era tan extraño ver ese recuerdo… Cuando aún todos nos veíamos cada día, y cuando no me cansaba de escuchar las tallas inútiles y demasiado graciosas como para no soltar una risa, por muy reprimida que ésta estuviera.
Julio me contó que quizás mañana nos veamos todos (casi; por que siempre falta alguien). Los he visto a varios por separado, pero de a muchos no…
Me da cierto temor verlos y sentir que algo falta, sentir que no es lo mismo, y de alguna manera arruinar esa fotografía de un recuerdo hoy deseado, un momento en el que estando con personas que tan distinto piensan a mí, con almas tan contrarias y sin una misma raíz, estando en un lugar de paredes frías y altas…que a pesar de todo eso, era un momento en el que mi corazón no podía sentirse mas a gusto, mas seguro; protegido… sin alguna preocupación -aunque la PSU se nos viniera encima, y con eso, un futuro incierto- que se sintiera presente, por la simple y sencilla razón de estar sonriendo junto a ellos…

sábado, abril 15, 2006


Creí que no era solamente yo. Que mis dudas estaban fundadas en algo más real, que no era tangible, para nada, pero al menos observable entre todas esas voces que me lo repetían.
Tarde-como siempre- me doy cuenta que nunca fue como yo pensé.
Los mensajes no sirven, las palabras no existen, y los gestos… lo más importante de todo lo nuestro, se desvanecen tan mágicamente como nacieron…
Y uno se cansa. Se cansa de esperar una inútil respuesta de la cual ni siquiera haz echo la fila para que te la respondan, y ella es lo suficientemente larga como para renunciar.

Digamos que se logra olvidar el propósito, aún no del todo claro, de la inesperada misión que cayó en mis manos.
Después de eso ¿qué?
No sabría que hacer ni como actuar. Nacerían 3439594 preguntas en mi cabeza al mismo tiempo, todas golpeándome requiriendo atención!... Y yo?
Yo, para variar en un estado que no podrías adivinar, imaginándome situaciones semi-imposibles, paralelas y no dimensionales, las que no me sirven para lo que debo enfrentar.
Entonces es ahí…
Respiraré hondo, como otras veces ya me he obligado a hacerlo, descenderé esas escaleras y abriré la puerta…