sábado, abril 15, 2006


Creí que no era solamente yo. Que mis dudas estaban fundadas en algo más real, que no era tangible, para nada, pero al menos observable entre todas esas voces que me lo repetían.
Tarde-como siempre- me doy cuenta que nunca fue como yo pensé.
Los mensajes no sirven, las palabras no existen, y los gestos… lo más importante de todo lo nuestro, se desvanecen tan mágicamente como nacieron…
Y uno se cansa. Se cansa de esperar una inútil respuesta de la cual ni siquiera haz echo la fila para que te la respondan, y ella es lo suficientemente larga como para renunciar.

Digamos que se logra olvidar el propósito, aún no del todo claro, de la inesperada misión que cayó en mis manos.
Después de eso ¿qué?
No sabría que hacer ni como actuar. Nacerían 3439594 preguntas en mi cabeza al mismo tiempo, todas golpeándome requiriendo atención!... Y yo?
Yo, para variar en un estado que no podrías adivinar, imaginándome situaciones semi-imposibles, paralelas y no dimensionales, las que no me sirven para lo que debo enfrentar.
Entonces es ahí…
Respiraré hondo, como otras veces ya me he obligado a hacerlo, descenderé esas escaleras y abriré la puerta…

1 mensajes cibernéticos:

Sebastián Lehuedé dijo...

Ya te he dicho que me encanta cómo escribes porque tienes un mundo propio. Después de leer esto: ¡el medio mundo propio!
Eres una soñadora y pensadora :):):) vas bien, muy bien.